viernes, 6 de abril de 2018

Diluvio, de Miguel Veyrat.

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                   DE OTRO DILUVIO: RÍOS QUE NO VAN A DAR A LA MAR.                         

         
Miguel Veyrat                                                                          
Diluvio
La isla de Siltolá, Sevilla, 2018.

          Para no salir ahogados de este Diluvio, un libro que intimida por varias razones, hay que saber nadar y guardar la ropa, tener un arca donde la razón sea la dueña y señora y dejarse llevar por la corriente hasta el mar, donde no van a dar todos los ríos. Recordemos lo que dice Margaret Atwood: “Writing poetry is a state of free float”, “salvavidas” que aquí vamos a necesitar.
          Diluvio es, estructuralmente hablando, además de un libro de poemas, una colección de frases de filósofos, pensadores y poetas. Es también, en un apartado final titulado “Alcabala de deudas y notas prescindibles”, un manual donde el pensador más que el poeta nos muestra, al explicar algunos poemas, su caudaloso conocimiento así como su pensamiento filosófico, ético y también estético. Un libro un poco enciclopédico en donde la razón, como una espada de fuego helado, se nos clava en el corazón.

Yo tú él… Ello

Quiebra el cristal del alba rayo
tiempo aliento de la nada
inexpresable nacida del deseo
en hacha de plata al tono
que busca la vibración creada
y escondida en el pasaje 
de la noche Rompe acaso ahí
la inexpresable nada que
preguntará por Un otro en Otro

          Leyendo Diluvio en ocasiones la razón pierde la cabeza en busca del corazón. Sabe muy bien Miguel Veyrat, el filósofo, que fue Platón quien enfrentó la poesía con la razón y una de las bases de este libro es precisamente esta dualidad platónica. Veyrat, el poeta, poetiza, destruyendo, el “logos” y nos deja claro, lo mismo que para Platón, la importancia de la cultura. Es Diluvio un libro “culto”, un clásico. Las aguas de este diluvio son griegas y romanas, renacentistas, poesía ribeteada de poetas ingleses y notas de otras culturas no occidentales. En este libro de una manera especial uno aprecia y valora lo que dice Auden y sabe Veyrat: “A poet is, before anything else, a person who is passionately in love with language”. Un poeta por encima de todo es una persona que ama el lenguaje apasionadamente. Y en Diluvio sentimos la pasión por el “logos” que hace que llegue hasta casi su destrucción.

Pas-De-Deux caminado

Di que no nos caeremos fuera del ser
cuando en el tiempo del desastre

o diluvio del afuera que cae sobre los
hombres destruidos del limes
inmóviles que caminan solos o con o
tro a igual paso con un paso a
dos igual y lento hacia la grande fuga
tu canción de cuna inconsciente
bebe la leche negra del alba Sulamita

        Diluvio está dividido en diez tormentas con siete truenos, rayos y relámpagos en cada una de ellas, lo que le confiere al libro un aura numérica y mística: setenta arcas para salir del diluvio.
           En la primera sección, “O una lágrima”, que abre con citas de Claudel,  Sophie de Mello y Cioran, está el planteamiento temático del libro. Hay tres poemas con la misma construcción semántica que van a ser fundamentales para adentrarnos en el húmedo paisaje de un diluvio. En el primero el poeta  dice que “la nube como el amor no tiene género” y en el poema aparecen rayos, ríos, fuentes, torrenteras, junto a hombres y mujeres “que van juntos a dar en la vida que fue el morir”.  En el segundo “la nube como el amor no tiene destino” y en el tercero “la muerte como el amor son errores”. Ya desde el subtítulo, lágrima, hasta la última palabra del poema, oleajes, va a predominar en la serie el concepto de una metafísica húmeda que flota y nos ahoga. El lenguaje, como carbonizado, empieza a crujir, desaparecen los signos de puntuación, la musicalidad se vuelve átona, el ritmo es como un Guadiana penitente.
          En “Sus blancos huesos” y en las tres siguientes “tormentas” el poeta espera al diluvio como si fuera el amor quien fuera a llegar.  Poemas “de amor”, espacios cuajados de poderosas imágenes. Es en “Sus blancos huesos” en donde aparece el primer poema “en prosa” desbordado y desbordante. Va creciendo el libro a la vez que va diluviando. Y nos vamos sumergiendo en el libro y sentimos como un rayo en la boca.
          Llega el caos y aparecen preguntas que no necesitan respuestas, que no tienen signos. Y diluvia y cuesta encontrar un adjetivo que dé vida y no mate. Llega el desconcierto, la ironía, el triunfo de la razón perdida, las anchas espaldas del académico, Ulises y Pitágoras. Y esperar a que canten los muertos. En las últimas estancias del diluvio la palabra deja de ser palabra, a veces solo tiene sonido, no significado ni significante, solo signos, balbuceos, piedra rosetta de la muerte, del vacío. Se acerca el final y el poeta se despide con la clara brasa del “hombre” en la boca. Después del diluvio no quedará nada que se pueda nombrar. Solo “lo innominado en cuyo nombre callamos”.


          No nos lo pone fácil el poeta, que también es filósofo. Diluvio, no nos engañemos, no es un libro al uso. Un libro que se “entienda” a la primera de cambio. Diluvio es tan oscuro como claro, tan barroco y gongorino como luminoso y esperanzador y, posiblemente, necesitado de un toque de cotidianidad. El poeta retuerce el cuello de la palabra y nos empuja a que asistamos a su muerte. Posiblemente estamos delante de uno de los libros más destacados en la obra de Miguel Veyrat y más arriesgados de la poesía española. Diluvio es un libro que da un paso adelante en el panorama poético español. Hay que hacer un esfuerzo para entender, asimilar y disfrutar el universo que ha creado el poeta. Cuando entramos en él hemos entrado en el mundo de la luz, de la salvación. Y sabemos que estamos condenados.