miércoles, 13 de diciembre de 2017

Celebrando un premio: Los aforismo de Rivero Taravillo.


                                  ESCRIBIR ES CRIBAR
                                     VILANOS POR EL AIRE

       De casta le viene al galgo. 
       Ya en “Vilanos por el aire”, publicado por La isla de Siltolá, Antonio Rivero Taravillo nos dejó una muestra de su ingenio, su humor, su ironía y su sinceridad. Un libro que uno ha consultado en ocasiones y que conserva, como oro en paño, desde el día 19 de mayo de este año en que, arropados por un vermú en una famosa taberna sevillana, me dedicó "los vilanos" una mañana luminosa de primavera.

       Ahora  RiveroTaravillo, “que hace mucho y todo lo que hace lo hace bien”, en frase de un  devoto lector y seguidor taravillano, ha ganado el Premio de Aforismos Rafael Pérez de Estrada con su obra “Especulaciones ciegas” en la que combina “mejores ingredientes del aforismo perezestradiano: ingenio, extrañamiento y sentido del juego". 

      Qué mejor manera de celebrar el premio que volviendo a releer “Vilanos por el aire” que recomendamos sin reservas. 

Aquí van algunas muestras del ingenio,
sentido del humor, 
talante poético, 
ramalazo de luz andaluza, 
chispazos llenos de sentimiento, 
definiciones sorprendentes,
una ración de chulería 
y sentido común de estos vilanos que, tanto en invierno o como en verano, vagan por el aire. 

    Enhorabuena, maestro! 







lunes, 11 de diciembre de 2017

LA POESÍA EMOCIONADA DE JUAN FRANCISCO QUEVEDO.

 


                                   

CUANDO SE DICE TODO: LA POESÍA EMOCIONADA DE JUAN FRANCISCO QUEVEDO.

El sedal del olvido.
Juan Francisco Quevedo
Septentrión Ediciones, 2017

Dice Dickinson: If I read a book and it makes my whole body so cold no fire can warm me I know that is poetry. Si leo un libro y pone a mi cuerpo tan frio que no hay fuego que pueda calentarlo, sé que es poesía. El sedal del olvido, de Juan Francisco Quevedo, es un libro como una nevada de recuerdos que cae sobre todos nosotros. Una tormenta para que el tiempo se detenga.

If I feel physically as if the top of my head were taken off, I know that is poetry. Si siento físicamente como si me arrancaran la tapa de los sesos, sé que es poesía. Es El sedal del olvido un libro hecho con materiales de primera mano: pólvora enamorada, sedal de plata, poesía de verdad, de antes que es de ahora: de siempre. Poesía que rescata historias, momentos, vidas, “un refugio y un bálsamo ante las perdidas inevitables, ante la enfermedad, ante los desasosiegos y desilusiones”.

Y si uno siente un nudo en el corazón y sabe que está ante el libro de un poeta que respeta a la poesía y se entrega a ella y despierta en nuestra memoria recuerdos paralelos a los del poeta, sabe que está entrando  en el reino de la emoción, donde el hielo arde el sentimiento y el fuego le da vida a la razón. Dos entes que son el santo y seña de la poesía en general y la de Juan Francisco Quevedo en particular. El sedal del olvido, un título que uno asocia a mar y a brea y a piel y a cicatriz, tiene esa cualidad de belleza e intensidad de emoción que son características de lo que es un poema.

El libro, dedicado a Claudia y Juan, editado por Septentrión Ediciones, que dirige con tanto empeño Carlos Alcorta, está ilustrado por el poeta, dividido en siete apartados con una introducción y un epilogo, lleva una cita del poeta José Luis García Martín que nos señala el camino a seguir: “Otra vez como entonces estáis aquí conmigo / esta noche encendida, detenida, callada, / cuando se dice todo sin que digamos nada”.

Sabe bien Juan Francisco Quevedo que la principal función de la poesía es crear emociones que sean alimento para el espíritu y motivación para la razón. La emoción es un escalofrío que nos recorre por todo el cuerpo, un nudo en la garganta que nos impide casi respirar, un dolor en el alma. La poesía es el encuentro de un pensamiento emocionado que encuentra a la palabra que se hace poesía. Y en El sedal del olvido encontraremos el hondo escalofrío, el nudo en la garganta y un dolor en el alma.

La primera parte, titulada “La mirada empañada”, (que es nuestra favorita) cuenta con nueve poemas en donde la nostalgia es la protagonista principal en temas cotidianos y domésticos, poemas en los que la mirada del poeta escudriña el tiempo pasado, tiempo de barro, de música, de sombra de la higuera, de la muerte. En el primer poema, con un título tan poco poético como “Un viejo colchón de lana”, aparece la figura de la madre y marca la atmósfera que nos vamos ir encontrado a lo largo del libro.

Me encierro, madre, en el cuarto
que fue refugio de tu niñez
y escruto, tumbado en el hueco
de un antiguo colchón de lana,
tu cara de niña aplicada
descolorida por el tiempo.

Quizás, algún día otro cuerpo
se recueste en esta que fuera
tu cama y de esa misma pared,
junto al sepia y viejo retrato,
cuelgue un rostro de mirada azul
que pueda recordarle quién fui.

Una de las muchas virtudes del libro es su inteligente estructura. Es un edificio, mapa lo suele llamar el poeta, que se levanta sobre sólidos cimientos, no olvidemos que Quevedo es novelista “antes” que poeta. Son siete espacios donde la melancolía, la filosofía, la familia, el exterior con paisajes queridos, la casa oscura, el dolor y la galería final con nombres y rostros queridos por todos: Vallejo, Cernuda, Miguel Hernández, Blas de Otero y en lo alto la voz del poeta que despierta de un sueño y ve que al abrir “lo ojos no había nadie. / Ni yo mismo”. Un libro cíclico que comienza con un viejo colchón de lana y termina en otro colchón “agarrado a una sábana arrugada”.

Uno de los poemas que uno casi se ha aprendido de memoria y que desde la primera lectura le sedujo es el titulado “Madrid, 1973 –Restaurant La playa”. Y me sedujo porque es un poema que me despierta, esa es la magia de la poesía, un mundo de sensaciones, olores, sabores y emociones. Un poema costumbrista, sencillo en apariencia, localista, pero que también es una crónica social, melancólica y conmovedora de un Madrid visto por un niño de catorce años.

Madrid, aquel Madrid de los setenta,
con grandes cines de sesión continua
-un placer para un chaval de provincias-.
Madrid, aquel Madrid de los setenta,
con su cosmopolitismo acogedor,
con su acento castizo y descarado.
Madrid, aquel Madrid de los setenta.
con su chulesco ademan de capital,
con sus maneras de barrio de arrabal.

Así era el Madrid de mis catorce años,
donde siempre había melón de postre
en aquel restaurant de mantel blanco
y pajaritas negras en los cuellos
almidonados de los camareros.

En un mercado poético donde la anarquía impera, donde cualquiera puede escribir un poema usando unas tijeras y cortado la frase donde se tercie, El sedal del olvido es un claro ejemplo de tradición, de musicalidad, de poemas con endecasílabos modelos, encabalgamientos que, como una ola, hacen mover el poema y al lector. Es una cuerda fina que ata por un extremo al anzuelo de la emoción y por el otro a la caña de pescar sueños y emociones. Y al acabar de leer el libro se nos queda enredado el anzuelo de la poesía y del recuerdo.

Y nos quedamos enganchados para siempre en el sedal de la esperanza.

En los cafés de todas las ciudades,
en las aceras y hasta en las esquinas
que llevaban a calles sin salida,
te sabía más allá del deseo.

En cualquier espejo de cualquier lugar,
intuía en un reflejo borroso
tu suave silueta de muchacha
pálida, junto a la gabardina beige,
que en Santiago lucías en invierno.

La lluvia y el frío aún eran clementes
con los dos jóvenes enamorados;
las torpes tormentas de la memoria
se escurrían, sin calar, por el manto
que envolvía aquella dulce juventud:
los embates del sedal del olvido
no traspasaban nuestra frágil edad.




sábado, 9 de diciembre de 2017

Luces y reflejos de la íntima urbe


                           Luces y reflejos de la íntima urbe

Hilario Barrero acerca en Luces de Nueva York y otros poemas un viento lírico fresco y delicado como un brote nuevo

      Por José Luis Morante
El impulso creador del toledano Hilario Barrero se extiende por géneros distintos, cosechando reconocimientos y elogios. Además su actividad docente como profesor universitario en USA, durante décadas, ha propiciado un testimonio vivo del mapa cultural norteamericano, con versiones a nuestra lengua de sus protagonistas más relevantes. Su activo quehacer en la traducción dibuja ahora el perfil poético de Sara Teasdale (1884-1933), casi un descubrimiento, ya que no es una presencia central del canon.
De sus circunstancias biográficas se ocupa en el prólogo donde incide en las claves personales, el temprano asentamiento en Nueva York, la buena recepción de su obra y el devenir vital que concluyó en suicido, cuando solo contaba con cuarenta y ocho años. En esta introducción establece tres núcleos básicos para el cauce versal: la belleza, el sentimiento amoroso y la conciencia transitoria de ser; son sustratos asociados al ideario romántico que pueden integrar otras bifurcaciones como la ciudad, el entorno relacional y la evocación del temporalismo. Los poemas integrados en la muestra aportan como hilo argumental compartido la arquitectura urbana de Manhattan y pertenecen, casi al completo, al volumen Rivers to the Sea, editado en 1915.

Frente a la metrópolis como entorno desapacible que anula la identidad del sujeto, la urbe que vislumbran los versos de Sara Teasdale es una hospitalaria conexión de luces y reflejos, una experiencia fluctuante y efímera que admite la aprehensión de los sentidos. En ella se expande la sensibilidad propicia a la reflexión interior. Los distintos rincones se hacen viento, noche y espacio, postulan recorridos junto a otras presencias apresuradas que componen las teselas de una realidad maleable. Manhattan es un escaparate que se abre cada día con renovadas sensaciones vitales; ante él las palabras capturan imágenes que van moldeando peldaños de una realidad personal, donde el amor y la destrucción se van fundiendo en un código de paradojas.
En la emoción poética de Sara Teasdale la expresión del amor, con sus mutaciones entre la complicidad afectiva y el desamor, es una nervadura central. Los poemas buscan la intuición objetiva para describir la llama encendida o el apagamiento, la plenitud y la sombra que convierte al recuerdo en una indagación sobre la precariedad de lo temporal.
Hilario Barrero acerca en Luces de Nueva York y otros poemas un viento lírico fresco y delicado como un brote nuevo. En él se acopla la sensibilidad de Sara Teasdale caligrafiando el intimismo, un ideario exento de transcendencia que humaniza la escritura y da la calidez emotiva del rescoldo: «Es el corazón quien compone mis versos, no yo».




Luces de Nueva York y otros poemas.(Antología poética).Sara Teasdale (1884-1933). Edición, traducción, prólogo, selección de poemas, cubierta e ilustraciones interiores de Hilario Barrero. Ravenswood Book Editorial, 2017
   ABC, Toledo.

viernes, 8 de diciembre de 2017

HUELLAS DE GORRION




                      HUELLAS DE GORRION. Antología poética (2002-2017)

Con diez libros ya publicados la obra de Jesús Aparicio (Brihuega, 1961) ocupa un lugar importante en el panorama poético español. Ahora nos llega Huellas de gorrión, una antología poética que recoge la obra desde 2002 a 2017. Obra que hemos seguido desde el comienzo y hemos visto crecer y enriquecerse con el paso del tiempo. Resumimos algunas opiniones que hemos escrito de su poesía. Y damos la enhorabuena al poeta por haber encontrado una voz, un estilo, una manera honda y sencilla de llegar al lector.
Jesús Aparicio es un  poeta que escribe sentado a la derecha del Padre y se siente arropado por la sombra divina. Entrar en uno de sus libros es como entrar en una realidad, en el mundo que nos rodea, sentirse abrazado por rostros, objetos humildes, lugares sencillos, momentos cotidianos, la noche, el jardín, el verano, la oficina, la mañana.
La poesía de Aparicio pide calma y recogimiento porque a veces es una oración, un salmo, un sobresalto, un arrebato de sensatez, una homilía casera, un sermón laico, siempre una oleada de claridad y luminosidad. Uno entra en este libro a presenciar un milagro con los ojos llenos de carbón y sale lleno de luz.



          Es una poesía desnuda, breve, limpia de polvo y paja, tocada de un misticismo cotidiano, de una sensación cósmica en el jardín del poeta, en el mundo bien hecho del poeta. No busca Jesús Aparicio el ruido falso de la vida, la ahuecada belleza que pasa, el afectado artificio de la sociedad. El poeta busca a lectores que estén solos y necesiten un amigo, lectores que buscan una palabra sincera y verdadera. El poeta no tiene prisa, son sus sentimientos rectos y verdaderos, sin fingimientos

lunes, 4 de diciembre de 2017

In tempore belli. XX



Front Cover


       Un jurado compuesto, entre otros, por Francisco Brines y José Olivio Jiménez otorgó el Premio de Poesia Gastón Baquero 1998 a la obra In tempori belli, presentada bajo el seudónimo de “Arcipreste de Bruklin”. Al otorgar el premio el Jurado apreció de la obra galardonada: “el uso de los símbolos contemporáneos, el acercamiento a través de la metáfora a las grandes tragedias del siglo y la fuerza lirica de su lenguaje”. Veinte años después iremos publicando a lo largo de 2018 el libro completo y a esperar que “lo nuevo, lo beligerante, lo subversivo de su danza de la muerte está en la imagen brutal-materia-física de cuerpos que se degradan” siga teniendo vigencia. O no.
     In tempore belli está dividido en tres apartados: Código, Recinto y Boca de lobo y un poema,  “Ofrenda”, que abre el libro que está dedicado a “E. P. siempre”. Siempre. 

            
                Ofrenda
         
Antes del sacrificio
alguna vez tomé tu nombre viejo
por sus huesos dejándolo grabado
entre las piedras, hundiéndose el sonido
de su cúpula entre el ancla humedecida
de su peso, su olfato desvaído,
herida su armadura en una antigua
guerra. Y lo llegué a olvidar.                       
Fuimos a la montaña en la noche                         
nupcial y en la sangrienta ceremonia                             
de mi ofrenda te di un nombre nuevo                            
para reconocerte entre tantas                    
columnas y laberintos convocados:                     
una coraza que calcifica tu ademán                     
protegiéndonos de la invasión desvastadora                 
que nos cerca acorralando nuestros gestos.                  
Un código que te salva y me condena.
Revestido con la solemne túnica de espejos
torturados, me clavó el hechicero
la flecha envenenada en mi pecho desnudo
y el corazón brotó iluminado,
llenándose de sangre el ánfora sagrada.
Fui arrojado desde la cima de tu cuerpo
hasta los pies del templo, donde llegué
ya condenado. Allí me recibió
la clave de tu nombre consagrado
que torturó mi voluntad, lavó mis manos,
embalsamó las venas de mi infancia
para ser ofrecido, con el alba, 
al pueblo que hambriento y jubiloso
esperaba cantando en la gran plaza.                  

               

martes, 21 de noviembre de 2017

Tres poemas portugueses






COMO QUIEN VUELVE AL PARAÍSO.
Tres poemas portugueses

I

Un viejo, como un barco a la deriva,
algas en su mirada y entre sus manos cieno,
vuelve al café de entonces,
como si regresara al paraíso,
no sabe bien que es al infierno donde vuelve.
No olvida la penuria de aquel tiempo,
ni el olor a sardinas, los cuatro pisos de la pensión oscura,
ni el deseo brutal que le ardía en sus ojos,
tampoco olvida cómo, en la hondura del parque,
al hacerse de noche buscaba compañía. 
Ahora que no le falta nada, está falto de todo:
se cansa, confunde los recuerdos y se sabe invisible.
Acompañado de su sombra siente la puñalada de la niebla
que lleva el río puesta de camisa.
En el Jardim da Cordoaria encontró a Ganimedes,
y recuerda una vez más, ahora que está solo,
aquella noche, hace cuarenta años,
en la ruidosa cama de una pensión de Oporto. 

  

II

Ángeles falsos resplandecen en espejos barrocos
en los que se reflejan turistas refinados.
Entre el ruido de copas y el olor a café
le quema el mármol de la mesa fría.
Le abruma el perfil del camarero,
efímera moneda troquelada de luz,
llevando una bandeja en perfecto equilibrio
que pasa junto a él y no lo mira.
Sale desorientado de tanta soledad,
de tal derroche de belleza
y sube al atardecer hasta el Castillo
donde una vez ganó una batalla y conquistó su reino.
Llora al ver perdida la que fuera su Alhambra,
siendo el último dueño de cuerpos fulgurantes.
La reina de la noche le acepta las llaves de su vida.
Es hora de partir.


  
III

Hace fuerza por recordar su único perfil
y aparecen mil rostros,
persevera en recordar sus brazos y su pecho
y recuerda el abrazo final,
quiere perpetuar el brillo de sus ojos
y aparece la noche,
si pudiera de nuevo quemarse entre sus labios
y no tener su aliento hecho ceniza,
naufragar en su costa iluminada
y no guardar la ropa.
Si  pudiera…
la vejez se lo ha llevado todo.
Ahora que hasta su nombre se ha borrado
está seguro de que todo fue un sueño.

Sabe que nunca más ha de volver.



sábado, 18 de noviembre de 2017

Luces de NY







Palabra del editor.

Gracias a Hilario Barrero, poeta, traductor y experto en poesía anglosajona afincado en Nueva York desde hace cuarenta años, Ravenswood Books tiene la suerte de publicar una antología bilingüe de la poesía de Sara Teasdale, un libro necesario para conocer no sólo la obra de una poeta de gran singularidad, también para disfrutar de una voz, un estilo, una personalidad y también las luces y los latidos del corazón de la Nueva York del primer tercio del siglo XX, una ciudad única en el mundo. El libro ya puede pedirse (gastos de envío gratuitos) a ravenswoodbooks@gmail.com





Una buena noticia. Me llegan los primeros ejemplares desde España de “Luces de Nueva York y otros poemas”, de Sara Teasdale (1884-1933) que ha publicado Ravenswood Books Editorial. La poesía de Teasdale se basa en tres temas: la belleza, el amor y la muerte, que la aproximan y definen como una poeta romántica; a veces un poco melancólica, a veces envuelta en una profunda tristeza, casi siempre atormentada por la presencia o la ausencia del amante. Por otro lado puede considerársela como una poeta modernista. Ravenswood Books presenta por primera vez un volumen en donde se recogen los poemas con el tema Nueva York que ya adelantó la revista “Clarín” en su último número. Este volumen forma parte de la Biblioteca de Autores Anglosajones (BAA) cuyo primer libro fue una antología de Emily Dickinson. Muchas gracias.
HB





Guía.



Guía de la buena esposa: once reglas para mantener a tu marido feliz. Sé la esposa que él siempre soñó, por Pilar Primo de Rivera.

lunes, 6 de noviembre de 2017

OPORTO DEL 51

         OPORTO DEL 51

Es torpe en el manejo del cuchillo,
hace ruido al comer, abre mucho la boca
y se bebe de un trago el vino de reserva
que en finísima copa de cristal
perfuma su salvaje dentadura.
Habla alto, se encuentra desfasado
en esta reunión donde dos viejos
le celebran, con mucha discreción,
el fulgurante fuego de sus ojos
y el torrente de vida de sus labios.
No entiende la ironía de las frases,
y le aburre la música de iglesia
que suena como fondo al bisbiseo.
Al terminar la cena y pasar a la alcoba,
los viejos se preparan y beben lentamente
un Oporto que compraron en el cincuenta y uno
en Lisboa la bella, cuando en amor,
bellísimos y jóvenes fueron a celebrar sus cuerpos.

Encendido de vino y en la materia docto
pierde la timidez y los modales
y es la torpeza ahora un arte de elocuencia.
Con ademán sereno y confiado,
en un gesto estudiado lleno de dramatismo,
un ruido del metal de los botones
al escapar de los ojales desgastados
del Levis desteñido y ajustado a su cuerpo glorioso,
se abre la bragueta y sin nada debajo
ofrece su producto asalariado
y generoso a la lenta caricia
de temblorosa mano y desdentada boca.

Así, semidesnudo, es como un dios de mármol,
arcángel victorioso que viendo
arrodillada a la pareja fiel,
sus calvas relucientes, dos perros jadeantes,
¡qué torpes le parecen sus caricias,
qué vulgares sus manos le parecen,
qué fríos son sus labios y sus bocas!

domingo, 22 de octubre de 2017

Los Diarios en "Insula" de la mano del Gómez Yebra


Cuando yo era un jovencito e iba a la Biblioteca pública de Toledo a leer a Nietzsche y el encargado me decia que no era un libro para mi edad me entrenía en leer las revistas de aquel tiempo, entre las que estaba Insula, que a mi me parecía "lo más"-  En el número 847-848 el catedrático Antonio A. Gómez Yebra publica una honda reseña sobre los Diarios 2012-2013, editados por La isla de Siltolá. Agradecido al profesor Gómez Yebra y a Insula. Y a todos los que han se han aproximado a los Diarios.






 



martes, 17 de octubre de 2017

Recordando a Richard Wilbur





Me entero en Lisboa de la muerte de Richard Wilbur. Qué pena tener que añadir la fecha final. Me alegra que este poema aparezca en un proyecto que espero poder anunciar pronto. 

SALMO
Richard Wilbur (1921 - 2017)

Da gracias por todas las cosas
en el punteo del laúd e igualmente
en el arpa de diez cuerdas.
Haz que la trompa alzada
resuene grandiosamente, y proclame
la bondad de haber nacido.
Préstales el aliento de la vida
a los agujeros de la flauta dulce
o del pífano travieso,
y di al tímpano
que cree, en el momento adecuado,
pandemonio.
Luego, con grave alivio,
alaba también nuestras penas
en el chelo del dolor compartido.



PSALM

Give thanks for all things
On the plucked lute, and likewise
The harp of ten strings.
Have the lifted horn
Greatly blare, and pronounce it
Good to have been born.
Lend the breath of life
To the stops of the sweet flute
Or capering fife,
And tell the deep drum
To make, at the right juncture,
Pandemonium.
Then, in grave relief,
Praise too our sorrows on the
Cello of shared grief.




miércoles, 6 de septiembre de 2017

La poesía como una forma de caridad.

 


            En verano todas las ciudades apestan

                          Un antología de la poesía de Menno Wigman
                           Edición de Antonio Cruz Romero. Ravenswood Books Editorial

                                               Image result for en verano todas las ciudades apestan de wigman





    Si usted es de los que creen que solo Carolina Coronado, Becquer o, digamos, Neruda (en ocasiones tan artificioso, tan mecánico y tan repetitivo) "son" la poesía, debe pasar de leer esta nota, Pero si eres de los que crees que la poesía, en el siglo xxi, "no es una forma de caridad sino una enfermedad / que compartes con un puñado de idiotas sin remedio", leete los poemas que publicamos y, si puedes, cómprate el libro.

      El título de esta antología se las trae, pero es lo que hay: "En verano todas las ciudades apestan", del neerlandés Menno Wigman considerado como "uno de los poetas más brillantes de su generación", según nos informa en un prólogo luminoso del también poeta, editor y traductor Antonio Cruz Romero.

     La edición del libro es una joya desde la portada hasta el "colophon". La antología tiene una tirada de 150 ejemplares numerados a mano. La nuestra es el número "007",  nada nos puede hacer más felices que tener este número.

        Recomendada especialmente para los "poetas de Instagram". para los que creen que solo existe Bukowski,  para los que escriben "poesías" y para los que sentimos que nuestras vidas están empozoñadas por la Poesía... 
     
   











martes, 29 de agosto de 2017

Tres notas a tres mundos.





























                   
                 SONETO 145
                     COMO UN PUÑAL DE PLATA
      Este soneto, uno de los más hermosos en la obra de sor 
Juana, está compuesto de catorce endecasilabos sáficos, 
rimando ABBA, ABBA, CDC, CDC, con acento en la primera, 
cuarta, sexta y décima sílabas, 10 sinalefas, latinismos 
(ostentando, primores, cauteloso, caduco, años, tiempo. . .),
de origen griego como  silogismo y metáforas en los versos 
1, 4, 9, 10, 11, 12, 13, y 14. 
      Los dos cuartetos son dos ideas completas; el primero 
comienza con un hipérbaton y una metáfora y ambos nos 
anticipan el clímax, la cadena de pensamientos de los dos 
tercetos: seis frases unidas por la forma verbal es; esta 
anáfora o repetici6n les imprime de una extraña dinámica, 
les unge de una magia especial,  flexibles aunque 
torturados, preparan al lector a desembocar en la apoteosis 
final del último verso; una relampagueante enumeraci6n que 
termina en una negación absoluta y total. La sintaxis del 
poema es tortuosa, su léxico culto y refinado. Todo él nos 
recuerda a G6ngora ("oro, lilio, clavel, cristal luciente") 
y a Quevedo ("polvo serán, más polvo enamorado") . 
Estructuralmente pensamos que el soneto no es una 
torre, castillo o fortaleza como aparentemente puede 
parecer, sino una clarísima pirámide invertida. En la base 
la vida, la filosofía, el tiempo; en el vértice la muerte, 
la sombra, la nada. Este soneto es un escalofrío que se nos 
clava, como un puñal de plata, en la garganta del llanto; 
un río que desemboca en el mar del existencialismo 
renacentista y en el polvo de oro del Barroco. Un soneto 
para toda una eternidad. 


























                                                                                              
       SONETO 146   
       LA TEMPORALIDAD DE LA BELLEZA

      Vanitas vanitatum et omnia vanitas, podría ser la 
idea argumental de este soneto de la Décima Musa. Un soneto 
formado de cuatro bloques de rígidos y monolíticos y a la 
vez gráciles y flexibles endecasílabos, rimando ABBA, ABBA, 
CDC, CDC, con acento en la primera, cuarta, sexta y décima 
silabas (sáficos), excepto en los versos 3 y 7 
que llevan el acento en la cuarta, quince sinalefas, con 
latinismos (fragante, sutileza, magisterio…). Es de 
destacar el triple retruécano en los versos 3-4, 7-8 y 
13-14 y que son el argumento del soneto. Encontramos 
metáforas en los versos 3-4, 7-8 y 10. 
      Nos golpea nuestra atención la pregunta en el primer 
verso y la siguiente que completa el primer cuarteto. El 
segundo nos dice del desprecio del poeta hacia lo material, 
valorando el entendimiento por encima de esto. Nos atrae el 
juego repetitivo y ondulante de sus versos, alterando y 
negando dos ideas, el efecto logrado es sorprendente. La 
metafora "despojo civil de las edades" provee al primer 
terceto de una fuerte carga historicista, 
      Hay, a lo largo del soneto, una vena filosófica, una 
raison d 'etre, una poética, un enunciado de la mentalidad 
de sor Juana que, al desdeñar el oro y la hermosura, nos 
está resumiendo en catorce hermosos afluentes, un río 
filosófico e histórico que comienza en Grecia y continúa 
hasta nuestros días: La temporalidad de la belleza, el 
bíblico recordatorio de que eres polvo y en polvo te has de 
convertir. 



                                            
               






















               
                SONETO 147 
                LA ROSA DE LA VANIDAD
      Tocadla una vez más, que así es la rosa, podríamos decir, 
parafraseando a J, R. Jiménez, acerca de este soneto de sor 
Juana. Compuesto de dos cuartetos con ideas propias, siguen 
los tercetos que se encadenan por la admiración inicial. 
Riman ABBA, ABBA, CDC, CDC, con acentos en la primera 
cuarta, sexta y décima sílabas. A lo largo del soneto 
contamos 14 sinalefas, dos de ellas en tres sílabas 
consecutivas y metáforas en los versos 3, 4, 5 y 8.  
Latinismos (divina, fragante, magisterio…) Los versos 
8 y 14 son dos ejemplos de paradoja y el 13 lo es de 
antítesis. 
      En cuanto a la forma es este un poema "arquitectónico", 
grave, de talante apostrófico; de acusada dualidad 
conceptual. Un soneto de olores: el olor eterno de la rosa 
y el olor inmarcesible y agrio de la muerte; de colores: 
rojo ("magisterio purpúreo") y blanco ( "enseñanza nevada"); 
de vida ("cuna alegre") y muerte ("triste sepultura"); de 
sabiduría y de necedad; de altivez y de caducidad. 
      La rosa es sólo un pretexto para que la monja nos dé 
un sermón de carácter moral y constructivo usando de la 
alegoría -que es lo que el soneto es-, para enseñarnos de la 
fugacidad de la vida y lo que con ella nos viene dado. Es 
un soneto conceptista. Y se presiente a Calderón. Es lo 
opuesto al "carpe diem" medievalista e irresponsable. Es un 
elogio al pragmatismo y al sentido común que, a veces, no 
podemos ejercitar porque la efímera rosa de la vanidad nos 
ciega con su "magisterio purpúreo” los ojos de la realidad 
impidiéndonos ver y oler la rosa eterna. 


domingo, 27 de agosto de 2017

Del Diario.

          240817.- Una tarde de verano, desde el balcón de su casa, viendo cómo las golondrinas, enhebraban la aguja del verano con el hilo del atardecer, cosían la torre de la Iglesia, sintió como si le entrara agua en el pecho. Días después garrapateó un poema a un almendro que veía desde su habitación. En tercero de bachillerato escribió, en el curso de Literatura española, una redacción en la que comentaba un poema de Machado y sacó un sobresaliente. En preuniversitario conoció a un compañero y escribió poemas apasionados de dudosa adjetivación. Se los publicaron en la revista del Instituto. Desde entonces entendió, al ir viendo que su vida parecía transcurrir en blanco y negro, el agua que le entró aquella tarde de verano. Le dieron el Primer premio de poesía del Casino Industrial dotado con 100 pesetas (que gastó en libros). Su madre decía a sus amigas (que le preguntaban si el poeta tenía novia) que su hijo era poeta y una de ellas le pidió una poesía para un nieto que acababa de nacer. En la universidad se volvió a enamorar y volvió a escribir poemas de amor donde el género brillaba por su ausencia y la pasión por su presencia. Se los publicó la revista de la Universidad y el rector lo invitó a participar en un recital con Brines, Hierro, Gil de Biedma y un joven poeta. Dos de ellos se interesaron más en su persona que en su poesía y el joven le invitó a su casa a tomar una copa. Conoció a García Nieto, que estaba vinculado a su ciudad, y le publicó en Poesía española un poema en la página siete. Haciendo la carrera escribió un libro de poemas que quedó finalista del Adonais. Al leer la noticia en un periódico de la capital se pasó la noche sin dormir y se sintió ungido por la magia de la poesía. En el periódico local, un joven que estaba haciendo las prácticas, le hizo una larga entrevista de la que se publicó la cuarta parte en un recuadrito cerca de las páginas de deportes. Conrado Blanco lo invitó a una sesión de “Alforjas para la poesía” junto a poetas militares, farmacéuticos, curas, oficinistas y un crítico de arte que era calvo y fumaba en el escenario. La Asociación de Arte Garcilaso le dio un premio por un libro sobre Urabayen del que luego hizo la tesis doctoral. La editorial Tajo le publicó, previo pago de la edición,  un libro de poesía que presentó en la biblioteca de su ciudad. Al acto asistió su familia en pleno, las amigas de su madre, las mismas que seguían preguntando “si tu hijo el poeta no tiene novia”, vecinos, compañeros de su padre y algún despistado que no tenía nada que hacer esa tarde. Al terminar vio que alguien se acercaba con su libro y que le pedía que se lo dedicara. Por un momento no acertó ni a quitar la funda del bolígrafo y no sabía qué escribir. Esa noche tampoco durmió. Terminó la carrera, ganó las oposiciones y le destinaron a una ciudad  donde la soledad le consumía. Publicó ensayos sobre Garcilaso y Campoamor en revistas académicas que nadie leía, pero que le sirvieron para subir en el escalafón y poder pedir traslado a su ciudad en donde, después de dar las clases, se reunía en el Café El Greco con los artistas locales. Escribió en el periódico local, le llamaron a dar recitales, el cardenal le pidió un soneto en el que cantara el centenario de la coronación canónica de la patrona de la ciudad. Publicó un libro en una colección de poesía de la Editorial católica que en Madrid pasó desapercibido. Se fue haciendo viejo, se fue quedando solo, el piso llenándose de libros, discos, cuadros, fotografías de extraños, polvo, olor a orines, oscuridad. La humedad y la soledad columpiándose en la lámpara del comedor oscureciéndolo todo. Dejó de ir a la capital al café Asturias y a las saunas. Por la noche, con el agua a punto de desbordarse del pozo de su melancolía, escribía poemas como quien escribe el último libro. El banquete celebrando la jubilación se llevó a cabo en un restaurante de pueblo,  de  esos de “bodas y bautizos”. Un poeta joven que fue alumno suyo y ahora hacía el papel de “secretario” escribió un soneto para la ocasión en el que le llamaba maestro, gloria de la ciudad y rimaba el nombre del poeta  con armario, osario y calendario. Encima del plato de entremeses, como un pájaro a punto de volar, pusieron el soneto que había ilustrado, con un espléndido dibujo, el pintor oficial de la ciudad (que moriría más tarde en un accidente de coche). Esa noche tampoco pudo dormir. Le dolía el corazón o eso creía. Un sobrino anunció en Facebook que su tío había muerto. Durante un día y medio los amigos lamentaron su perdida, alabaron su bondad y se atrevieron a decir lo buen poeta que era, aunque nadie se lo creía. Al día siguiente en el periódico local apareció una necrológica con una foto horrorosa, que de haber habido vida después de la muerte el poeta hubiera resucitado para pedir que la cambiaran. Las amigas de su madre, si hubieran estado vivas, hubieran seguido preguntando si “tu hijo el poeta no tiene novia”. Los libros de poesía firmados por Aleixandre, Gerardo Diego, Guillen, el “Don Juan” de Azorín firmado por el maestro, las novelas, también autografiadas de Urabayen, las primeras ediciones que fue coleccionando durante toda su vida, algunas litografías de Gregorio Prieto, Dalí y Miró y la mayoría de los libros de los poetas del 50 se los llevó un chamarilero como quien se lleva piedras. En el funeral un colega del Instituto leyó un texto que hablaba de la vida del poeta y profesor, desde que una tarde de verano sentado en el balcón de si casa, su madre mirándole con el corazón encogido, hasta la noche que se quedó dormido para siempre intentando poner punto final al último libro de poemas. Al entierro asistieron el concejal de cultura, el obispo auxiliar y sus sobrinos. Meses después hubo un intento de poner su nombre a una calle en un barrio de trabajadores, pero el alcalde del partido opuesto al del poeta, se negó en rotundo.
          Luego el olvido le convirtió en ceniza. !Si al menos hubiera conocido el amor!