lunes, 12 de octubre de 2015

Tres "cuadernos" de Elías Moro.




 
   Los que me conocen saben lo mucho que me gusta lo que podríamos llamar literatura en miniatura. Otros lo llaman plaquette, que es palabra francesa… A mí me gusta más llamarlo Cuadernos. Hace diez años tuve la suerte de recibir tres “obras” de Elías Moro que, enseguida, una vez leídas, pasaron a las estanterías de los “incunables” donde hay libros firmados y dedicados de poetas y escritores que fueron o son mis amigos. Estos días de otoño, cuando la luz es como un cuaderno de rayas del colegio, es tiempo para que un jubilado navegue entre el proceloso mar de los recuerdos y termine casi ahogado al respirar algas algodonosas que le oxidan los sentidos. 

Los tres trabajos de Elías Moro son tres alhajas por el fondo y, también, por la fachada. Fachada hecha de materiales humildes, como la de una iglesia del románico más primitivo.  

“Mi corazón” es una letanía místico-cardio-vascular que palpita como solo aletea el corazón de un poeta: trece latidos que son trece metáforas que le dejan al lector sin aliento.

  

                     
En “3 preguntas zoológicas”, con un verso de Neruda: “¿Qué dirán de mi poesía / los que no tocaron mi sangre?”, Elías Moro pregunta al lector sobre la oropéndola, el caballo y el tiburón: aire, tierra y agua, la santísima trinidad de vuelo de la belleza, la fuerza del galope en movimiento y la profundidad de la oscura claridad marina. 
 
 
 
 
        De los tres trabajos “Poema de los colores” es mi favorito. Se imprimió el 20 de diciembre de 2003 “festividad de Sto. Domingo de Silos… en la ciudad de Mérida”. Es una obra “menor-mayor”. Una carpeta que encierra siete colores y que desde la portada a la página final es un mundo redondo y cíclico. Siete colores que rebosan poesía, un goteo de imágenes que le llenan a uno la mirada de luz, una escalera de metáforas que nos invitan a subir cerca del arco iris. De los colores, mi favorito es el blanco. Cuando yo era niño y me regalaban por Reyes una caja de colores Alpine, el único lápiz que permanecía intacto era el blanco. Siempre me preguntaba para qué servía. Ahora es el lápiz que más uso. 

 
                             
    
 


          Vuelven los tres cuadernos a su sitio después de haberme acompañado por unos días y haberme traído el recuerdo y la amistad y el talento de Elías Moro, poeta artesano, poeta verdadero.