sábado, 23 de agosto de 2014



UN SONETO DE HILDEBRANDO DE BARGAS.
A gusto del consumidor.

Soneto del poeta toledano del XVII, Hildebrando de Bargas (1599-1654) fue canónigo penitenciario de la Santa Iglesia Catedral Primada y amigo de la princesa de Éboli. Escribió un auto sacramental, a la manera de Calderón de la Barca, titulado “El narciso más hermoso”, representado en el pórtico de la catedral en una fiesta del Corpus Christi y algunos sonetos de carácter místico. Copio éste, atribuido a de Bargas por un cronista local, por ser de otro tipo de misticismo. He tenido dificultad al transcribir la palabra “sesenta”. La segunda ese, con un rabo florido,  podría ser una te. Cambien los sesenta por los setenta, los ochenta y los noventa… A gusto del consumidor.

¿Enamorado a los sesenta años?
No llega usted cansado y con retraso,
no le duele el amor, no sabe acaso
que un viejo solo espera desengaños?

Desengaños, congojas y mil daños,
cheques al portador, farsa y fracaso,
apaciguar la sed de un solo vaso,
vestir la desnudez con buenos paños.

No olvide que el aliento a los sesenta
es una nube sucia, huele a enero
y la lengua no sabe como antes.

Deje de perseguir a ese cordero
con cuerpo de clavel, jazmín y menta.
ahora es tiempo de chulos, no de amantes. 



miércoles, 20 de agosto de 2014

La casa con una sombra dentro




 31

Sabemos que Ítaca no es la tierra prometida, ni el encuentro con Penélope y el tapiz, ni con el perro leal ni con Telémaco, ni siquiera con Ulises; al no conocerla no sabemos cómo es, dónde está ni quién nos espera. Sabemos que posiblemente Ítaca sea para nuestros amigos un apartamento al lado del mar; para ti y para mí es otra cosa. Como sabemos, Ítaca va dentro de nosotros, vivimos en ella; prepararnos para el viaje es prepararnos para ir a la otra Ítaca, la que está más allá de todas las Ítacas, la Ítaca donde vive la muerte. Donde vive Caronte, el que construye barcas de plomo y remos de cieno. Mientras tanto no escuchemos a las sirenas y a sus cantos venenosos para que no nos lleven al abismo donde duermen, con lesiones moradas y la mirada fracturada, los que tuvieron prisa por desnudarse en la madrugada.