jueves, 7 de agosto de 2014

La casa con una sombra dentro


29

Desorientado por las seis horas de diferencia horaria entre Nueva y York y Toledo me despierto a media noche. La oscuridad es una balsa de agua negra, pesada, con olor a plata caducada. Todo está inmóvil. La noche es un cuerpo tendido sin fuerzas para mover los dedos. De pronto, de la misma manera como pasan las cosas en la vida, como viene el dolor o el amor, se escucha el primer canto del primer pájaro de la madrugada. Es apenas un temblor en la hondura de la rosa, en lo alto de la rama todavía oscura, entre los encajes mudos de la brisa. A lo lejos un hilo de luz traza un renglón en la pizarra de la noche. Es la señal: un estremecimiento en la sangre del pozo, en el respirar de las raíces.  Después de la música llega la luz. La luz, claro, es de tiza. Alguien borrará mas tarde el encerado de la madrugada. Toledo se despierta.