viernes, 13 de diciembre de 2013

AUTORRETRATO IMPRESIONISTA o Como escuchar un violín mojado.


Uno se cansa de mirar anuncios en la acera,
de leer las palabras que dicen los letreros,
de recorrer las calles diariamente;
uno se va cansando del trabajo,
la ocupación que decide saber si hoy es lunes o domingo,
observar el último refresco o el tabaco de América
que el ministro de Sanidad intenta prohibir con luminosos en el Metro,
en los estancos, en las paradas de autobuses.
 

Uno, mientras surge lo alegre,
se cansa de amar,
de volver a la infancia y su difícil tránsito,
se cansa de ser adolescente o niño,
o jugador de fútbol en portones oscuros
donde todos cometimos algún atropello
con un balón, con un cigarro o con unos labios de mujer...


                            


A manera de noticia. Javier Sánchez Menéndez, poeta. El violín mojado, que se publicó en 1991, se vuelve a editar ahora en Libros del aire con una introducción de Fernández Berrocal.

      El testamento ya no sirve, la madre ha muerto y tú, la innombrable, la otra beneficiada, posiblemente has muerto también y estés donde estés no te llega el aviso del notario. Posiblemente quede Abel. Caín también murió, de una pedrada.  
 Javier Sánchez Menéndez que nació en Puerto Real, Cádiz, es autor de varios libros de poesía.

      Los lirios de Van Gogh han subido de precio y de luz. Siguen oliendo a aceite ateo. El telediario de entonces ya no es el mismo.

Recordamos Una aproximación al desconcierto, que publicó en 2011 después de un silencio de quince años

      Antes llegabas siempre a su casa, derecho, ahora vayas donde vayas, a veces, te pierdes y no llegas. Y el café se enfría. Veinte tres años no son nada como no sea para vivir desnudamente.

La plaquette Cartoons,  de 2011, ocupa un lugar preferente en la estantería de HB.

      La palabra siempre ahora es una conjunción, antes fue un adverbio y pronto será una preposición. Ahora siempre puedo decir nunca.

Faltas palabras en el diccionario, reúne parte de la poesía de JSM.

      Todavía estás esperando la llamada. Todavía. El violín mojado te está ayudando a morir. Su poesía nos ayuda a vivir y a existir. Música empapada de vida, de laberintos y de dudas. Un libro agresivo, acerico de mil alfileres que se clavan en el corazón, espejo hecho añicos que refleja tu imagen en cada astilla de luz. Y lo de siempre: amor, muerte, vida. Todo envuelto en poemas que pueden explotar.

            EL PAÍS
 Al tomar El País entre las manos
he leído que el sol acariciará esta tarde
la vertiente oeste de tu casa,
la zona cercana a la azotea,
el balcón irlandés al que te asomas.
Y es cierto, tan solo leo el diario
para buscar el sol,
para saber si hoy vendrá el otoño
por tus largos pasillos.
No me importan los censos, las estadísticas,
las batallas sangrientas en el Oriente Medio,
los satélites rusos, las visitas reales,
no me importa el pasado
porque en el ayer ya estamos,
cundo miro hacia el sol y compruebo
que dirige su marcha a la vertiente oeste
de tu casa.
            _______________________________________
 
LA RELACIÓN entre un hombre y una mujer acaba siendo dubitativa,
quiero decir deudable.
Una deuda tan grande
que nadie la comprende ni la adopta
 y participa de sus discusiones recíprocas,
 las mismas discusiones que mantienen
 habitualmente
el presidente de un gobierno y las comunidades de fieles,
 puesto que toda deuda necesita conocer la verdad para ser definida,
y un hombre y una mujer se quiren
hasta que aparece la deuda,
 la duda,
las afirmaciones y negaciones opuestas.


Y es posible que pienses que esto nunca es posible;
el sacerdote prefiere tomar posturas de principios
y hacer que se conozcan
 e intentar que se amen,
y evitar que se nieguen sin saber
que un amor es eterno hasta la duda,
y sin tener necesidad de comprender
por qué la vida la ha hecho dios incompatible.