lunes, 21 de noviembre de 2016

A tu lado. Felicidades. 112216


        VIVIR, AMAR, MORIR

Escuchar el instante que precede
al silencio antes de ser palabra,
percibir el latido de una nota
antes de ser sonido,
saber cuando la sombra sobrepasa la línea
que separa esa tierra de nadie
donde vive la luz: milímetro de noche.

Oír que mi silencio es tu palabra,
que tu sombra es mi luz
y es el amor la clave:
el último vocablo,
el primer resplandor,
el latido más negro.

Saber de ti antes de conocerte,
percibir tu silbido,
oler el peso de tu aliento
y ver cómo el silencio de tu voracidad
me llama por mi nombre
y me convierte en polvo.


domingo, 20 de noviembre de 2016

El camino no tomado.



Me recuerda el tunel del tiempo de Facebook que hace años "subí" este poema al muro.  He dicho varias veces que es uno de mis poemas favoritos por muchas razones. Hoy, 20 de noviembre, lo traigo de nuevo cuando parece que algún camino se cierra y encuentra uno más conflictos morales que el dificil arte de caminar.



EL CAMINO NO TOMADO
        Robert Frost.

Dos caminos se separaban en un bosque amarillo
 y sintiendo no poder tomar ambos
 y ser un solo viajero, me detuve por mucho tiempo
 y escudriñé uno de ellos todo lo que pude
 hasta allí donde se doblaba en la maleza.

Entonces tomé el otro, que parecía igual,
 y teniendo quizás el mejor reclamo,
 porque era herboso y necesitaba ser pisado,
 aunque precisamente por eso, el caminar allí
 los había desgastado a ambos casi lo mismo,

 y esa mañana los dos yacían iguales
 en hojas que huella alguna había ennegrecido.
 Oh, yo dejé el primero para otro día!
 y aun sabiendo cómo un camino conduce a otro,
 dudé si regresaría alguna vez.

Volveré a decir esto con un suspiro
en alguna parte siglos y siglos después de hoy:
Dos caminos se separaban en un bosque, y yo
yo tomé el menos transitado
y esto hizo toda la diferencia.



The Road Not Taken

TWO roads diverged in a yellow wood,    
And sorry I could not travel both    
And be one traveler, long I stood    
And looked down one as far as I could    
To where it bent in the undergrowth;            

Then took the other, as just as fair,    
And having perhaps the better claim,    
Because it was grassy and wanted wear;    
Though as for that the passing there    
Had worn them really about the same,            

And both that morning equally lay    
In leaves no step had trodden black.    
Oh, I kept the first for another day!    
Yet knowing how way leads on to way,    
I doubted if I should ever come back.            

I shall be telling this with a sigh    
Somewhere ages and ages hence:    
Two roads diverged in a wood, and I—    
I took the one less traveled by,    
And that has made all the difference.

domingo, 6 de noviembre de 2016

En las casas de Hopper...










 

El viernes fuimos a la casa donde nació Hopper y a la casa donde "vive" ahora. El pintor me ha acompañado desde que llegué aquí hace ya casi cuarenta años. Este poema, publicado en "In tempore belli", quería ser un homenaje a uno de mis cuadros favoritos, pero también a la "soledad" de los personajes de Hopper que, en ocasiones, aparecen desnudos aunque vayan vestidos. Como Mrs. McLaughlin, desbordada de melancolía en una mañana temprano de domingo.
              Early Sunday Morning

                                    Para Edward Hopper

Única criatura, la claridad
extiende sus raíces en la línea
horizonte de la calle vacía,
bautizando al color por su apellido:
azules infantiles, verdes lluviosos,
ocres enamorados, húmedos blancos
que son frontera con la sábana tibia,
el olor a café, la primera caricia,
y el roce de la muerte que, temprana,
teje precipitada la túnica del barro.
Dando razón de luz al carbón de la sombra,
el sol va señalando a la fachada
su destino de noche aún distante.
Dormidas las persianas, amarillo
despierto de septiembre, un visillo
entretiene su frágil esqueleto
en el lento columpio de la brisa,
mientras Mrs. McLaughlin siente un escalofrío,
protegida por Gato (y una buena ginebra)
y comienza a leer la última edición
del New York Times, cuando tan sólo son
las siete menos cuarto, en la recién
creada mañana del domingo.

lunes, 31 de octubre de 2016

Una manera de decir adiós




 

Berceo seguirá tumbado en el prado y contando milagros,  Don Rodrigo quedará mirando a la niña de nueve años y pensando en sus hijas, pasará Dona Endrina  por la plaza, “¡qué talle, qué donaire, qué alto cuello de garza!”. Don Illán, el deán de Santiago, jugará  una partida de ajedrez con el arzobispo y nuestras vidas, como ahora la mía, irán derechas al mar. "Yo no nací sino para quererte..." será el tatuaje que algunos de vosotros llevaréis en tinta enamorada. Unos descubristeis la fuerza de la poesía de la mano de Lope de Vega, otros el sentido del polvo enamorado con Quevedo. En cámara lenta don Quijote atacará a los gigantes y Sancho repetirá a su amo una vez más: "I told you so". Bécquer emocionó a las alumnas de mirada encendida y por un momento ellas fueron poesía, otras recordando a Campoamor eligieron las fresas a las rosas. Don Pío dejó sin respiración, con sus interminables párrafos, al que mejor leía en clase, pero seguirá con sus atardeceres en un camino de perfección. Machado, que os obligó a preguntarme qué era un chopo y un olmo, seguirá dándoos sombra y cobijo y al alumno que se sentaba en la última fila, callado, triste, que se emocionó al descubrir a Cernuda, le deseo suerte y larga vida.
      Usaré el futuro y me olvidaré del subjuntivo y espero que vosotros uséis indicativo. Dejaré el lápiz rojo que se seque y que ardan tantas notas como ha escrito. Le daré a la A, B, C, D y F otros sonidos y significados, aparte de ser las calificaciones finales. Tendré que cerrar libros y apuntes, dejar la tiza que se ablande con la humedad del olvido, borrar la pizarra y que venga la noche sobre ella. Deshacerme de exámenes brillantes, de cartas laudatorias, de poemas sin ritmo y con faltas de ortografía. Guardaré confesiones, lágrimas y alegrías. Repartiré entre los alumnos, como quien reparte las vestiduras, las numerosas  ediciones de los clásicos. Y cerraré por última vez la puerta de una parte de mi vida.
    El río, que me acompañó, seguirá pasando. Me traerá envuelto en papel de plata el paisaje que, entrando por la ventana, iluminaba la mesa de trabajo. Olvidaré las zancadillas y las interminables reuniones, los comités y los congresos a los que para subir en el escalafón iba a leer conferencias que nadie escuchaba. Cerraré en un sobre de aire mi identificación y guardaré en lo más hondo del armario las barrocas vestimentas académicas. No echaré de menos las sombras de mis compañeros que yo confundía en los pasillos. Ellos respirarán felices y yo los olvidaré al salir a la calle. Me llevaré los rostros y los triunfos de los alumnos que empezando dudosos y agobiados llegaron a ser algo y cambiaron su vida. Y no olvidaré cuando  me llamaban "maestro". Volveré a la poesía, de la que nunca me aparté, con la esperanza de que vuelva a ser mi amiga. Seguiré escribiendo, es decir respirando. Hasta el último momento me miraré en tus ojos y esperaré a la alumna final que, sin compasión, me suspenderá y no me dejará repetir curso
.