miércoles, 6 de septiembre de 2017

La poesía como una forma de caridad.

 


            En verano todas las ciudades apestan

                          Un antología de la poesía de Menno Wigman
                           Edición de Antonio Cruz Romero. Ravenswood Books Editorial

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    Si usted es de los que creen que solo Carolina Coronado, Becquer o, digamos, Neruda (en ocasiones tan artificioso, tan mecánico y tan repetitivo) "son" la poesía, debe pasar de leer esta nota, Pero si eres de los que crees que la poesía, en el siglo xxi, "no es una forma de caridad sino una enfermedad / que compartes con un puñado de idiotas sin remedio", leete los poemas que publicamos y, si puedes, cómprate el libro.

      El título de esta antología se las trae, pero es lo que hay: "En verano todas las ciudades apestan", del neerlandés Menno Wigman considerado como "uno de los poetas más brillantes de su generación", según nos informa en un prólogo luminoso del también poeta, editor y traductor Antonio Cruz Romero.

     La edición del libro es una joya desde la portada hasta el "colophon". La antología tiene una tirada de 150 ejemplares numerados a mano. La nuestra es el número "007",  nada nos puede hacer más felices que tener este número.

        Recomendada especialmente para los "poetas de Instagram". para los que creen que solo existe Bukowski,  para los que escriben "poesías" y para los que sentimos que nuestras vidas están empozoñadas por la Poesía... 
     
   











martes, 29 de agosto de 2017

Tres notas a tres mundos.





























                   
                 SONETO 145
                     COMO UN PUÑAL DE PLATA
      Este soneto, uno de los más hermosos en la obra de sor 
Juana, está compuesto de catorce endecasilabos sáficos, 
rimando ABBA, ABBA, CDC, CDC, con acento en la primera, 
cuarta, sexta y décima sílabas, 10 sinalefas, latinismos 
(ostentando, primores, cauteloso, caduco, años, tiempo. . .),
de origen griego como  silogismo y metáforas en los versos 
1, 4, 9, 10, 11, 12, 13, y 14. 
      Los dos cuartetos son dos ideas completas; el primero 
comienza con un hipérbaton y una metáfora y ambos nos 
anticipan el clímax, la cadena de pensamientos de los dos 
tercetos: seis frases unidas por la forma verbal es; esta 
anáfora o repetici6n les imprime de una extraña dinámica, 
les unge de una magia especial,  flexibles aunque 
torturados, preparan al lector a desembocar en la apoteosis 
final del último verso; una relampagueante enumeraci6n que 
termina en una negación absoluta y total. La sintaxis del 
poema es tortuosa, su léxico culto y refinado. Todo él nos 
recuerda a G6ngora ("oro, lilio, clavel, cristal luciente") 
y a Quevedo ("polvo serán, más polvo enamorado") . 
Estructuralmente pensamos que el soneto no es una 
torre, castillo o fortaleza como aparentemente puede 
parecer, sino una clarísima pirámide invertida. En la base 
la vida, la filosofía, el tiempo; en el vértice la muerte, 
la sombra, la nada. Este soneto es un escalofrío que se nos 
clava, como un puñal de plata, en la garganta del llanto; 
un río que desemboca en el mar del existencialismo 
renacentista y en el polvo de oro del Barroco. Un soneto 
para toda una eternidad. 


























                                                                                              
       SONETO 146   
       LA TEMPORALIDAD DE LA BELLEZA

      Vanitas vanitatum et omnia vanitas, podría ser la 
idea argumental de este soneto de la Décima Musa. Un soneto 
formado de cuatro bloques de rígidos y monolíticos y a la 
vez gráciles y flexibles endecasílabos, rimando ABBA, ABBA, 
CDC, CDC, con acento en la primera, cuarta, sexta y décima 
silabas (sáficos), excepto en los versos 3 y 7 
que llevan el acento en la cuarta, quince sinalefas, con 
latinismos (fragante, sutileza, magisterio…). Es de 
destacar el triple retruécano en los versos 3-4, 7-8 y 
13-14 y que son el argumento del soneto. Encontramos 
metáforas en los versos 3-4, 7-8 y 10. 
      Nos golpea nuestra atención la pregunta en el primer 
verso y la siguiente que completa el primer cuarteto. El 
segundo nos dice del desprecio del poeta hacia lo material, 
valorando el entendimiento por encima de esto. Nos atrae el 
juego repetitivo y ondulante de sus versos, alterando y 
negando dos ideas, el efecto logrado es sorprendente. La 
metafora "despojo civil de las edades" provee al primer 
terceto de una fuerte carga historicista, 
      Hay, a lo largo del soneto, una vena filosófica, una 
raison d 'etre, una poética, un enunciado de la mentalidad 
de sor Juana que, al desdeñar el oro y la hermosura, nos 
está resumiendo en catorce hermosos afluentes, un río 
filosófico e histórico que comienza en Grecia y continúa 
hasta nuestros días: La temporalidad de la belleza, el 
bíblico recordatorio de que eres polvo y en polvo te has de 
convertir. 



                                            
               






















               
                SONETO 147 
                LA ROSA DE LA VANIDAD
      Tocadla una vez más, que así es la rosa, podríamos decir, 
parafraseando a J, R. Jiménez, acerca de este soneto de sor 
Juana. Compuesto de dos cuartetos con ideas propias, siguen 
los tercetos que se encadenan por la admiración inicial. 
Riman ABBA, ABBA, CDC, CDC, con acentos en la primera 
cuarta, sexta y décima sílabas. A lo largo del soneto 
contamos 14 sinalefas, dos de ellas en tres sílabas 
consecutivas y metáforas en los versos 3, 4, 5 y 8.  
Latinismos (divina, fragante, magisterio…) Los versos 
8 y 14 son dos ejemplos de paradoja y el 13 lo es de 
antítesis. 
      En cuanto a la forma es este un poema "arquitectónico", 
grave, de talante apostrófico; de acusada dualidad 
conceptual. Un soneto de olores: el olor eterno de la rosa 
y el olor inmarcesible y agrio de la muerte; de colores: 
rojo ("magisterio purpúreo") y blanco ( "enseñanza nevada"); 
de vida ("cuna alegre") y muerte ("triste sepultura"); de 
sabiduría y de necedad; de altivez y de caducidad. 
      La rosa es sólo un pretexto para que la monja nos dé 
un sermón de carácter moral y constructivo usando de la 
alegoría -que es lo que el soneto es-, para enseñarnos de la 
fugacidad de la vida y lo que con ella nos viene dado. Es 
un soneto conceptista. Y se presiente a Calderón. Es lo 
opuesto al "carpe diem" medievalista e irresponsable. Es un 
elogio al pragmatismo y al sentido común que, a veces, no 
podemos ejercitar porque la efímera rosa de la vanidad nos 
ciega con su "magisterio purpúreo” los ojos de la realidad 
impidiéndonos ver y oler la rosa eterna. 


domingo, 27 de agosto de 2017

Del Diario.

          240817.- Una tarde de verano, desde el balcón de su casa, viendo cómo las golondrinas, enhebraban la aguja del verano con el hilo del atardecer, cosían la torre de la Iglesia, sintió como si le entrara agua en el pecho. Días después garrapateó un poema a un almendro que veía desde su habitación. En tercero de bachillerato escribió, en el curso de Literatura española, una redacción en la que comentaba un poema de Machado y sacó un sobresaliente. En preuniversitario conoció a un compañero y escribió poemas apasionados de dudosa adjetivación. Se los publicaron en la revista del Instituto. Desde entonces entendió, al ir viendo que su vida parecía transcurrir en blanco y negro, el agua que le entró aquella tarde de verano. Le dieron el Primer premio de poesía del Casino Industrial dotado con 100 pesetas (que gastó en libros). Su madre decía a sus amigas (que le preguntaban si el poeta tenía novia) que su hijo era poeta y una de ellas le pidió una poesía para un nieto que acababa de nacer. En la universidad se volvió a enamorar y volvió a escribir poemas de amor donde el género brillaba por su ausencia y la pasión por su presencia. Se los publicó la revista de la Universidad y el rector lo invitó a participar en un recital con Brines, Hierro, Gil de Biedma y un joven poeta. Dos de ellos se interesaron más en su persona que en su poesía y el joven le invitó a su casa a tomar una copa. Conoció a García Nieto, que estaba vinculado a su ciudad, y le publicó en Poesía española un poema en la página siete. Haciendo la carrera escribió un libro de poemas que quedó finalista del Adonais. Al leer la noticia en un periódico de la capital se pasó la noche sin dormir y se sintió ungido por la magia de la poesía. En el periódico local, un joven que estaba haciendo las prácticas, le hizo una larga entrevista de la que se publicó la cuarta parte en un recuadrito cerca de las páginas de deportes. Conrado Blanco lo invitó a una sesión de “Alforjas para la poesía” junto a poetas militares, farmacéuticos, curas, oficinistas y un crítico de arte que era calvo y fumaba en el escenario. La Asociación de Arte Garcilaso le dio un premio por un libro sobre Urabayen del que luego hizo la tesis doctoral. La editorial Tajo le publicó, previo pago de la edición,  un libro de poesía que presentó en la biblioteca de su ciudad. Al acto asistió su familia en pleno, las amigas de su madre, las mismas que seguían preguntando “si tu hijo el poeta no tiene novia”, vecinos, compañeros de su padre y algún despistado que no tenía nada que hacer esa tarde. Al terminar vio que alguien se acercaba con su libro y que le pedía que se lo dedicara. Por un momento no acertó ni a quitar la funda del bolígrafo y no sabía qué escribir. Esa noche tampoco durmió. Terminó la carrera, ganó las oposiciones y le destinaron a una ciudad  donde la soledad le consumía. Publicó ensayos sobre Garcilaso y Campoamor en revistas académicas que nadie leía, pero que le sirvieron para subir en el escalafón y poder pedir traslado a su ciudad en donde, después de dar las clases, se reunía en el Café El Greco con los artistas locales. Escribió en el periódico local, le llamaron a dar recitales, el cardenal le pidió un soneto en el que cantara el centenario de la coronación canónica de la patrona de la ciudad. Publicó un libro en una colección de poesía de la Editorial católica que en Madrid pasó desapercibido. Se fue haciendo viejo, se fue quedando solo, el piso llenándose de libros, discos, cuadros, fotografías de extraños, polvo, olor a orines, oscuridad. La humedad y la soledad columpiándose en la lámpara del comedor oscureciéndolo todo. Dejó de ir a la capital al café Asturias y a las saunas. Por la noche, con el agua a punto de desbordarse del pozo de su melancolía, escribía poemas como quien escribe el último libro. El banquete celebrando la jubilación se llevó a cabo en un restaurante de pueblo,  de  esos de “bodas y bautizos”. Un poeta joven que fue alumno suyo y ahora hacía el papel de “secretario” escribió un soneto para la ocasión en el que le llamaba maestro, gloria de la ciudad y rimaba el nombre del poeta  con armario, osario y calendario. Encima del plato de entremeses, como un pájaro a punto de volar, pusieron el soneto que había ilustrado, con un espléndido dibujo, el pintor oficial de la ciudad (que moriría más tarde en un accidente de coche). Esa noche tampoco pudo dormir. Le dolía el corazón o eso creía. Un sobrino anunció en Facebook que su tío había muerto. Durante un día y medio los amigos lamentaron su perdida, alabaron su bondad y se atrevieron a decir lo buen poeta que era, aunque nadie se lo creía. Al día siguiente en el periódico local apareció una necrológica con una foto horrorosa, que de haber habido vida después de la muerte el poeta hubiera resucitado para pedir que la cambiaran. Las amigas de su madre, si hubieran estado vivas, hubieran seguido preguntando si “tu hijo el poeta no tiene novia”. Los libros de poesía firmados por Aleixandre, Gerardo Diego, Guillen, el “Don Juan” de Azorín firmado por el maestro, las novelas, también autografiadas de Urabayen, las primeras ediciones que fue coleccionando durante toda su vida, algunas litografías de Gregorio Prieto, Dalí y Miró y la mayoría de los libros de los poetas del 50 se los llevó un chamarilero como quien se lleva piedras. En el funeral un colega del Instituto leyó un texto que hablaba de la vida del poeta y profesor, desde que una tarde de verano sentado en el balcón de si casa, su madre mirándole con el corazón encogido, hasta la noche que se quedó dormido para siempre intentando poner punto final al último libro de poemas. Al entierro asistieron el concejal de cultura, el obispo auxiliar y sus sobrinos. Meses después hubo un intento de poner su nombre a una calle en un barrio de trabajadores, pero el alcalde del partido opuesto al del poeta, se negó en rotundo.
          Luego el olvido le convirtió en ceniza. !Si al menos hubiera conocido el amor!

viernes, 25 de agosto de 2017

Arqueología de un milagro


                                   

                                             


                                   LA POESÍA COMO CAMINO DE SALVACIÓN

Arqueología de un milagro
Jesús Aparicio
Ruleta rusa ediciones, 2017

      Con diez libros ya publicados la obra de Jesús Aparicio (Brihuega, 1961) ocupa un lugar importante en el panorama poético español.  Arqueología de un milagro, con un precioso dibujo de portada por Pablo Aparicio Resco, se afianza en asegurar ese lugar ganado libro a libro. Jesús Aparicio es un  poeta que escribe sentado a la derecha del Padre y se siente arropado por la sombra divina. Entrar en uno de sus libros es como entrar en una realidad, en el mundo que nos rodea, sentirse abrazado por rostros, objetos humildes, lugares sencillos, momentos cotidianos, la noche, el jardín, el verano, la oficina, la mañana.

AMOR LÍQUIDO

Llega el amanecer
con un vaso de agua
y responde a tus ojos
recién abiertos
que otra vida no hay
fuera de ese amor líquido
que le da transparencia.

      La poesía de Aparicio pide calma y recogimiento porque a veces es una oración, un salmo, un sobresalto, un arrebato de sensatez, una homilía casera, un sermón laico, siempre una oleada de claridad y luminosidad. Uno entra en este libro a presenciar un milagro con los ojos llenos de carbón y sale lleno de luz.

ARQUEOLOGÍA DE UN MILAGRO

Luz que al despertar
ha engendrado la llama,
aire que la mantiene
y aviva las palabras
que eternas permanecen
fluyendo como el agua
y que en la tierra siembran
silencios que son almas.

Polvo de las estrellas
que el poema levanta:
fragmentos de una vida
que crece si se apaga.

      Es una poesía desnuda, breve, limpia de polvo y paja, tocada de un misticismo cotidiano, de una sensación cósmica en el jardín del poeta, en el mundo bien hecho del poeta. No busca Jesús Aparicio el ruido falso de la vida, la ahuecada belleza que pasa, el afectado artificio de la sociedad. El poeta busca a lectores que estén solos y necesiten un amigo, lectores que buscan una palabra sincera y verdadera. El poeta no tiene prisa, son sus sentimientos rectos y verdaderos, sin fingimientos ni “Imposturas”, de donde es este fragmento:

          …Yo escribo de las cosas
         -léase también almas-
         que quiero conocer y son distintas
         a todo porvenir sensatamente preparado:

         de ese que tú me cerca entre cielo y pared
         para entregarme al lobo del olvido
         con un beso.

Si, como decía Shelley, “Poetry is indeed something divine”, Arqueología de un milagro es un libro humanamente divino que nos enseña la belleza que otros no vemos, que nos abre ventanas, que nos muestra a rostros que pocos miran y a olores que pocos huelen. Un libro en apariencia franciscano, cuyos poemas, que pueden aparecer envueltos en ropajes sencillos, también son bombas de justicia social que pueden explotar en nuestro corazón.

CIRCULO Y VACÍO

Si no te amas
has perdido tu nombre,

Si has perdido tu nombre
no escucharás a nadie,

Si no escuchas a nadie
no abrirás la puerta de tu casa,

Si no abres la puerta de tu casa
nadie compartirá tu mesa,

Si nadie comparte tu mesa
no aprenderás a amar
y nunca te amarás.

miércoles, 23 de agosto de 2017

Once Varas. Hoy HB: rizando el rizo

Once Varas, Para una antología imposible.



Hoy rizamos el rizo y arrimamos al muro unos haikus de HB traducidos y publicados en Downtown Brooklyn Long Island University, por uno de los mejores traductores del mundo mundial; Gary J. Racz que, aparte de haber traducido, entre otros a Calderón y "La vida es sueño" (New York, Penguin. Reprinted (2009) in The Norton Anthology of Drama, vol. 1, pp. 1157-1232. New York and London, W. Norton & Co.), ha sido el traductor del poeta Eduardo Chirinos, recientemente fallecido.  Gracias por el honor, Profesor Racz.
   





Caligrafia
Sobre el reflejo
la gaviota firma
con uve doble.

Oscuridad
En el armario
la noche echa raíces
entre la arruga. 

Escritura
Papel el hielo:
una ese de plata
el sol escribe.
  
Poética
Que el verso sea
como una falsa llave
abriendo heridas.

Vaho
La niebla endulza
con el tul de su aliento
la sal del sol.

 Jardín japonés
En el estanque
una grulla de cal
blanquea al agua.

Invierno
Rosal helado:
ventanal quebradizo
de joyería.

Cita
Estar seguro
de haber llegado a tiempo
y nadie espera.
  
Paño
Limpio la noche
y despierto un silencio
de telarañas.

Viaje
Con nieve añeja
la maleta del agua
se seca al sol.





lunes, 21 de agosto de 2017

In Memoriam. Inventario del recuerdo.





           MONÓLOGO DE UN POETA ILUMINADO: ANTONIO PARRA.

I
Son los tres golpes que nos hacen vivir, tres heridas que nos matan, tres arañazos que nos desangran: vida, amor, muerte.
Inventario de la felicidad, el último libro de Antonio Parra (Melilla 1946) es una crónica equilibrada, profunda, íntima y elegiaca de la vida, de su amor de la muerte.
Tres puñaladas hondas en el corazón, en la mirada, en la noche.
Inventario de la felicidad, editado en la colección Astrolabio, es un libro preciso, donde la sobriedad y la experiencia nos iluminan y nos conmueven y nos dejan heridos.
Triángulo equilátero en la geometría sin límites de nuestra vida. Tres tiempos, tres estados vitales, tres constantes.
Inventario de la felicidad es una galería en donde se exhiben poemas que entran en nuestras vidas y nos estremecen. Donde el equilibrio y la belleza son dos puntos básicos para entender la poesía de Antonio Parra. Equilibro formal, de fachada, un edificio donde las ideas son como ventanas con infinitos caminos, paisajes, miradas, rostros, una ciudad, una muerte.

II
Estructurado como en un tríptico de alguna catedral gótica, Inventario de la felicidad está compuesto de tres temas y un inventario. La tabla central, “del amor”, consta de diecinueve poemas, la tabla de la derecha, “de la vida”, de catorce y la de la izquierda, “de la muerte”, de siete: media muerte, casi toda una vida y el amor que, en ocasiones es un amor desaparecido, un grito, una sombra.

          Amor, amor mío de esta noche,
            desvelado te abrazo. Algo escondido
            prepara el corazón al desorden de existir.

Pero es también un recorrido y un homenaje a una ciudad “del agua”,  a la “casa de uno”, un museo funerario con cuadros que hacen homenaje a la poesía con la presencia de Sandro Penna, a la pintura con Giorgio Bacci, a la muerte con Roland Moreaux, al holocausto con Primo  Levi…

Cuando con repetido afán me propuse
volver, cuando con insistente y probada
nostalgia manifesté el deseo de tu suelo,
cuando horadando la noche, tus lejanas aguas
pervirtieron mis sueños, desoladoras voces
sin piedad, derrumbaron con amargas verdades
 el templo que te había construido…
III
En apariencia puede parecer una poesía fría por lo reflexiva. Una poesía de pensamiento, metafísica, objetiva. Poesía seria, fruto de una cultura, de una meditación, de una madurez. Pero no nos dejemos engañar por esa carga filosófica, ideas condensadas que encierran años de experiencia, de vida, de amor y de muerte.
Ardiendo muy dentro del poema está el fuego, la pasión, el navajazo que ahonda y se clava en la piel de la razón.
         Posiblemente sea en el apartado tres, “de la muerte”, donde encontremos los más elegiacos y emotivos poemas. Elegía es, a gusto de este lector, uno de los poemas más significativos del libro. El poeta amordazado por la pérdida del ser amado, rompe el silencio.

Al fin hablo de ti. El cansancio
de los años no ha carcomido la imagen
que el iluminado venero de tus labios,
estampó en mi tensísima piel.
Hoy me abrazo a tu sombra no ensuciada
por la muerte, hoy te nombro…


Inventario de la felicidad es un catálogo no terminado, en marcha,  de una vivencia, de una ciudad, de una muerte, sobre todo es una invitación a una vida. En Inventario, el largo e importante poema que cierra el libro, el poeta deja abierta la puerta a la luz que nace:

Deja, deja ya ese inútil inventarío
que nunca acabarás, y empieza
a mirarte en el espejo de esa alta marea
donde está amaneciendo.


          Alta poesía que nos trae la madrugada y en donde el espejo de la vida nos invita a la felicidad, aunque a veces desaparezca en lagunas y aguas pantanosas. 

                          

   Antonio se ha ido sin poder terminar su inventario de la felicidad y nos ha dejado el de la pena y el recuerdo. El mejor homenaje que le podemos hacer es volver a su poesia.